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Reinhard Kunze. El último prisionero de guerra


REINHARD KUNZE. 

Liberado el último prisionero de guerra alemán de la Segunda Guerra Mundial. El ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Serguei Lavrov, anunció que en un acto de buena voluntad, el gobierno de Moscú estaba dispuesto a dejar a un lado su "orgullo nacional" y mostrar su "generosidad y buena voluntad" por dejarlo ir a casa. Cuando fue capturado por las tropas soviéticas durante la batalla de Berlín, era un joven de sólo 14 años en enero de 1945, y estuvo preso durante los últimos 69 años en varios campos de trabajos forzados.


Aproximadamente tres millones de prisioneros de guerra alemanes fueron capturados por la Unión Soviética durante la Segunda Guerra Mundial, la mayoría de ellos durante los grandes avances del Ejército Rojo en el último año de la guerra. Los prisioneros de guerra fueron empleados como mano de obra forzada en la economía de guerra soviética y la reconstrucción de la posguerra.


En 1950, casi todos habían sido puestos en libertad. Oficialmente, los últimos sobrevivientes prisioneros de guerra alemanes regresaron a casa después de la URSS en 1956, pero ahora está claro que no era del todo cierto. De acuerdo con los registros soviéticos, 381.067 prisioneros de guerra alemán Wehrmacht murió en los campos de la NKVD durante ese período de tiempo, de los cuales 356.700 eran ciudadanos alemanes y 24.367 de otras naciones. Muchos historiadores disputan esos números sin embargo, lo que sugiere que el número de muertos podría estar cerca de 1 millón.


Años más tarde el conde Heinrich von Einsiedel describió a la gente que regresaba a casa de su cautiverio y decía de ellos: "¡Vaya cargamento que llevaban esos trenes!, esqueletos hambrientos y demacrados; restos humanos deshechos por la disentería contraída por falta de alimentos: figuras y ojos sombríos que sólo brillaban a la vista del pan o un cigarrillo." Esta visión debilitó la fe de Einsiedel, en otro tiempo comunista devoto, de manera definitiva.

Cada uno de estos prisioneros, dijo era "una acusación viviente a la Unión Soviética, una sentencia de muerte para el comunismo".

Algunos prisioneros de guerra alemanes afortunados fueron enviados a casa, pero la gran mayoría permanecieron en los gulags soviéticos hasta 1950, cuando Stalin promulgó la "amnistía" para aquellos alemanes que habían sido "buenos trabajadores".


Los últimos en volver a Alemania lo hicieron en 1957, unos 12 años después de acabar la guerra. Tras años de trabajo en minas soviéticas remotas, bosques, ferrocarriles, curtidurías, granjas y fábricas colectivas, muchos de ellos eran hombres rotos.



Para abordar esta cuestión, es necesario, en primer lugar, aclararse con los números. ¿Cuántos prisioneros de guerra alemanes hubo en el territorio de la Unión Soviética? Según fuentes soviéticas, 2.389.560. Según fuentes alemanas, 3.486.000. Esta importante diferencia (un desfase de casi un millón de personas) se explica por la nefasta gestión del recuento de prisioneros y por el hecho de que los alemanes preferían camuflarse con otras nacionalidades. El proceso de repatriación se prolongó hasta 1955 y los historiadores estiman que aproximadamente 200 mil prisioneros fueron incorrectamente documentados.


Un prisionero alemán de vuelta a casa acaba de informar a una madre que su hijo, también prisionero en la Unión Soviética, ha fallecido.


Mosaico de imágenes del retorno ansiado de estos prisioneros.


Durante mucho tiempo no se habló de la vida de los prisioneros alemanes en la URSS. Todos sabían que efectivamente existían y hasta trabajaban en obras soviéticas, inclusive la edificación de rascacielos moscovitas (como la Universidad Estatal de Moscú), pero sacar el tema de los prisioneros alemanes en público estaba considerado de mal gusto.

Los alemanes apresados en la URSS reconstruyeron ciudades destruidas por ellos mismos, vivieron en campos e incluso cobraron por su trabajo. 10 años después del final de la guerra, los ex soldados y oficiales de la Wehrmacht se encontraban intercambiando navajas por pan en obras soviéticas.


La vida de los prisioneros alemanes fue radicalmente diferente durante y después de la guerra. Se entiende que durante la guerra en los campos de prisioneros imperaba un ambiente duro, la lucha por la supervivencia. Las personas morían de inanición y no eran infrecuentes los casos de canibalismo. Para mejorar, aunque fuera en lo más mínimo, su suerte, los prisioneros se esforzaron por demostrar, por todos los medios posibles su no pertenencia a la nación titular de los agresores fascistas.

Algunos disfrutaron de ciertos privilegios: italianos, croatas, rumanos. Incluso tenían la oportunidad de trabajar en la cocina. La distribución de alimentos no era ecuánime. Se producían asaltos a los repartidores de comida, a raíz de lo cual los alemanes empezaron a proveer a sus repartidores de escoltas. En todo caso, hay que decir que, por muy duras que fueran las condiciones de vida de los prisioneros alemanes, no hay grado de comparación con las condiciones de los campos alemanes. Según datos oficiales, en el cautiverio fascista fallecieron el 58 % de los rusos capturados, mientras que solo el 14,9 % de los alemanes murieron en los penales rusos.


La ración diaria de un prisionero consistía en 400 gramos de pan (a partir de 1943, hasta 600-700 gramos), 100 gramos de pescado, 100 gramos de grano molido, 500 gramos de verduras y patatas, 20 gramos de azúcar, 30 gramos de sal. Para generales y prisioneros enfermos había ración aumentada. Claro que solo son números. En la realidad, en tiempo de guerra, rara vez se repartía la ración íntegra. Los alimentos faltantes podían simplemente ser sustituidos con pan y la ración con frecuencia se recortaba, pero nunca hubo tortura de hambre intencionada en los campos soviéticos respecto a los prisioneros alemanes.


Por supuesto, los prisioneros trabajaban. Mólotov pronunció en una ocasión la histórica sentencia, según la cual ningún prisionero alemán volvería a su patria hasta que Stalingrado fuera reconstruido.

Los alemanes no trabajaban por un mendrugo de pan. La circular del NKVD [más tarde, KGB — NT] ordenaba una paga para los prisioneros (7 rublos para los rasos, 10 para los oficiales, 15 para los coroneles, 30 para los generales). También había una prima para trabajadores destacados: 50 rublos al mes. Parece increíble pero los prisioneros incluso podían recibir cartas y giros enviados desde su tierra. Asimismo se les repartía jabón y ropa.


Los prisioneros alemanes, siguiendo el mandamiento de Mólotov, trabajaron en numerosas obras de construcción en la URSS y fueron empleados en granjas colectivas. Su actitud respecto al trabajo fue, en muchos sentidos, ejemplar. Viviendo en la URSS, los alemanes aprendieron activamente la jerga laboral y estudiaron el idioma ruso, pero nunca llegar a entender el sentido de la palabra chapuza. La disciplina laboral alemana se hizo proverbial e incluso dio lugar a una especie de meme: «¡Cómo no! Si lo construyeron los alemanes...!»


Muchas veces se ha dicho que la práctica totalidad de los edificios de pocas plantas fueron levantados por alemanes, aunque eso no es muy exacto. También es solo un mito el que los edificios construidos por alemanes se levantasen siguiendo diseños de arquitectos alemanes. El plan general de reconstrucción y edificación urbanística fue desarrollado por arquitectos soviéticos, tales como Schúsev, Simbírtsev, Iofán y otros.


Los prisioneros alemanes no siempre se sometieron sin rechistar. Hubo fugas, motines, levantamientos. Entre 1943 y 1948 huyeron de los campos soviéticos 11.403 prisioneros de guerra. 10.445 fueron detenidos y solo un 3 % consiguió escapar.


Uno de los levantamientos se produjo en enero de 1945 en un campo de prisioneros próximo a Minsk. Los prisioneros alemanes, descontentos por la mala alimentación, levantaron barricadas en los barracones y tomaron a guardias de rehenes. Las negociaciones no llevaron a buen puerto y los barracones fueron bombardeados por la artillería con el resultado de 100 muertos.


El ansiado retorno a casa.







Bibliografía:


"Prisoner of war", Encyclopedia Britannica.
Geo G. Phillimore and Hugh H. L. Bellot, "Treatment of Prisoners of War," Transactions of the Grotius Society, Vol. 5, (1919), pp. 47-64.
Niall Ferguson, The Pity of War. (1999) p 368-9 para datos.
Prisioneros de guerra y comunismo (inglés)
375,000 Austrians Have Died in Siberia; Remaining 125,000 War Prisoner... - Article Preview - The New York Times
Richard B. Speed, III. Prisoners, Diplomats and the Great War: A Study in the Diplomacy of Captivity. (1990); Ferguson, The Pity of War. (1999) ch 13; Desmond Morton, Silent Battle: Canadian Prisoners of War in Germany, 1914-1919. 1992.
PWO World War II. Los prisioneros alemanes de la URSS. Aleksey Rudévich Antonio Airapétov PS.




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