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Refugiados alemanes. La diáspora silenciada y olvidada






La expulsión de alemanes tras la Segunda Guerra Mundial se refiere a la migración violenta y forzada de nacionales alemanes (Reichsdeutsche) y alemanes étnicos (Volksdeutsche) de los diversos estados y territorios de Europa en los tres primeros años después de la Segunda Guerra Mundial (1945–1948).





El número total de los alemanes expulsados después de la guerra sigue siendo desconocido, debido a que la mayoría de las últimas investigaciones proporcionaron una estimación conjunta basada en datos incompletos, incluyendo los que fueron evacuados por las autoridades alemanas, huyeron o fueron muertos durante la guerra.

Se estima que entre 12 y 16 millones de alemanes étnicos y sus descendientes fueron desplazados de sus hogares, en las últimas semanas de la Segunda Guerra Mundial o en las posteriores expulsiones ordenadas por los gobiernos de Europa Oriental.

En el curso de los más de setenta años transcurridos desde el final de la guerra, las estimaciones del total de muertes de civiles alemanes han oscilado entre 500.000 como mínimo y un máximo de tres millones. Aunque la estimación oficial del gobierno alemán de víctimas mortales debido a las expulsiones se situó en 2,2 millones durante varias décadas, los análisis recientes han llevado a algunos historiadores a la conclusión de que el número real de muertes atribuibles a las expulsiones en realidad fue mucho menor — de 500.000 a 1,1 millones. Las cifras más altas, hasta 3,2 millones, por lo general, resultan porque se incluyen todas las muertes relacionadas con la guerra de 1939–1945 entre los alemanes étnicos, incluidos los que sirvieron en las Fuerzas Armadas Alemanas (incluyendo la Wehrmacht, los reclutas de la Volkssturm, o milicias nazis locales). El debate sobre el número de muertes y su causa (muertos como consecuencia directa de los combates o debido a la represión del Ejército Rojo y de las autoridades comunistas locales) sigue siendo tema de tensa polémica entre historiadores alemanes, rusos, polacos, y checos.




Con el avance de los ejércitos aliados, el temor a ser objeto de represalias impulsó a estas personas a tratar de huir a Alemania. Está documentado por numerosas fuentes alemanas, por informes médicos y por testimonios de los obligados a trabajos forzosos que algunos miembros del ejércitosoviético cometieron numerosas violaciones de los derechos humanos. Las noticias de estas atrocidades eran ocultadas por la máquina propagandística aliada.

Antes de finalizar la Segunda Guerra Mundial, se había producido un considerable éxodo de los alemanes refugiados de las zonas que están bajo amenaza de ocupación por el Ejército Rojo. Muchos alemanes huyeron de sus zonas de residencia en virtud de vagas y desorganizadamente ejecutadas órdenes de evacuación del régimen alemán en 1943, 1944, y a principios de 1945, o sobre la base de sus propias decisiones de dejar el país en el período de 1945-1948. Otros alemanes permanecieron y fueron obligados a abandonar más tarde por las autoridades locales. Las cifras del censo, en 1950 el número total de alemanes étnicos que aún vivían en el Este de Europa en alrededor de 2,6 millones, aproximadamente el 12 por ciento del total antes de la guerra.





En el curso de los más setenta años transcurridos desde el final de la guerra, las estimaciones del total de muertes de civiles alemanes han oscilado entre 500.000 y un máximo de tres millones. La estimación oficial del gobierno alemán de víctimas mortales debido a las expulsiones se situó en 2,2 millones durante varias décadas. El debate sobre el número de muertes y su causa sigue siendo tema de tensa polémica.

En general, la expulsión de los alemanes de la Europa Oriental fue apoyada por la URSS como una forma de suprimir en el futuro toda posibilidad de un renovado expansionismo alemán hacia el Este y de eliminar toda opción a que minorías étnicas de alemanes en la Europa Oriental sirvieran como justificación y estímulo para tal expansionismo, evitando repetir un Drang nach Osten ('Marcha hacia el este' en idioma alemán) similar al lanzado por el nazismo. Asimismo, Stalin consideraba que la eliminación de la minoría étnica de alemanes servía para facilitar la implantación del comunismo en la Europa Oriental, considerando que gran número de terratenientes, empresarios y capitalistas eran de origen alemán, por lo cual su desaparición extinguía una posible fuente de oposición a los regímenes patrocinados por la URSS.





Los gobiernos de EE. UU. y Gran Bretaña también aceptaban el proyecto de expulsar masivamente a los alemanes y así lo expresaron en la Conferencia de Potsdam, aun cuando Francia rechazó la legalidad de estas expulsiones, en tanto las fugas masivas de refugiados germanos eran comprensibles como resultado de la guerra, pero no así las expulsiones posteriores a mayo de 1945.

Winston Churchill consideraba válida la expulsión masiva de alemanes étnicos, en tanto opinaba que su permanencia en la Europa Oriental causaría conflictos permanentes con la población local, serviría como pretexto para reavivar el expansionismo germano, mientras que la expulsión sería una sanción proporcional por los crímenes de guerra nazis contra la población civil de la Europa Oriental.

Igualmente Franklin D. Roosevelt y Harry S. Truman, presidentes de EEUU, consideraban necesaria la expulsión de alemanes, pues ello permitiría que los países de la Europa Oriental fuesen naciones homogéneas (sólo polacos en Polonia, sólo húngaros en Hungría, etc.), sin minorías étnicas, y así evitar las perturbaciones que la presencia de tales minorías podrían causar. De hecho, EEUU consideraba que un grave error del Tratado de Versalles en 1919 fue permitir que numerosos Estados europeos mantuvieran dentro de sus fronteras población civil identificada con un país diferente al cual vivían, lo que generaría tensiones permanentes y hasta amenazas de una quinta columna. La transferencia de población entre Grecia y Turquía en 1923 aparecía para EEUU como un buen ejemplo a seguir para evitar nuevos conflictos internacionales en Europa. Además, la responsabilidad de Alemania por atroces crímenes de guerra hacía justificable para británicos y estadounidenses que la población civil germana debiera ser castigada con expulsiones masivas.







Una columna de refugiados alemanes que atraviesan el estrecho de tierra llamado Frisches Haff en alemán, que separa la Laguna del Vístula del Mar Báltico, una estrecha franja de tierra de 70 kilómetros de longitud y dos kilómetros de ancho .Se dirigían a los puertos de Pillau, Danzig y Gotenhafen, soportando temperaturas de hasta veinticinco grados bajo cero y  sintiendo el aliento de las tropas soviéticas que habían lanzado una ofensiva contra Prusia Oriental que sería conocida como la batalla de Königsberg, que se prolongaría desde finales de enero de 1945 hasta el 9 de abril.



































Los habitantes de Prusia Oriental han recibido por fin permiso para huir, pero el Ejército Rojo les ha cortado el acceso al Reich en Elbing. En su desesperación, cientos de miles de personas se abren paso para alcanzar el buque que los lleve a algún lugar más seguro en el interior de Alemania.

Fotografía tomada el 26 de enero de 1945 en el puerto de Pillau donde todo tipo de embarcaciones esperan a las decenas de miles de refugiados que se dirigen hacia éste y los otros puertos bajo control alemán en su huida desesperada de las tropas soviéticas. La gente se hacinaba en el interior de los barcos, que iban atestados de personas. Algunos de los buques más grandes, como es el caso del Gustloff , llegarían a quintuplicar  su capacidad  de transporte de personas.



Fotografía tomada en Pillau en el invierno de 1945, con centenares de refugiados que buscaban embarcarse en alguna de las mil cien embarcaciones que tomaría parte en la Operación Anibal para la evacuación de entre uno y dos millones de personas desde Prusia Oriental a Alemania para rescatarlas del avance soviético. Alrededor de treinta mil morirían al ser hundidos los barcos que las transportaban , bien por los submarinos soviéticos o por la aviación aliada cuando la guerra ya estaba en sus últimas semanas en Europa.


Las "caravanas" comenzaron aquel invierno. Marchan hacia el oeste en cualquier tipo de transporte que puedan hallar.


El Wilhelm Gustloff sirvió como buque nodriza de submarinos, buque hospital, y transporte de evacuación durante la Operación Aníbal hacia el final de la contienda. El 30 de enero de 1945  fue torpedeado por el submarino soviético S-13 bajo el mando de Aleksandr Marinesko, hundiéndose con 9343 personas a bordo, constituyendo la mayor tragedia marítima de la historia.


Fotografía tomada  en el verano de 1925 del transatlántico  SS General Von Steuben, Botado en 1922, su nombre original era "München"  pero fue rebautizado en 1930 en honor de Friedrich Wilhelm von Steuben (1730-1794)  un oficial prusiano  que combatió junto a las tropas de George Washington (1732-1799) durante la Guerra de  Independencia de los Estados Unidos. Fue reclutado, como tantos otros buques, para participar en la Operación Anibal, que tenía como objetivo principal la evacuación de las tropas alemanas  y una vez puestas a salvo evacuar a la población civil. El 10 de febrero de 1945 el Steuben zarpó del puerto de Pillau con  unos 2800 soldados heridos,  trescientos cincuenta enfermeros y médicos y  unos ochocientos refugiados , para un total estimado de entre cuatro mil y cinco mil personas (siempre es difícil dar un número exacto porque en medio del caos de la evacuación mucha gente no era contabilizada) Aquella misma noche el SS General von Steuben fue hundido por los torpedos del submarino soviético S-13  de Aleksandr Marinesko, él mismo que diez días antes había hundido el Wilhelm Gustloff. De las personas que viajaban en el Steuben sólo se rescataron con vida a 659.



El odio a los alemanes era especialmente pronunciado en Checoslovaquia, donde todavía recordaban con rabia la anexión de una de sus regiones, los Sudetes, realizada por Hitler en octubre de 1938. Francia y Reino Unido habían presenciado la función de brazos cruzados.  Los checos exigieron una venganza que nadie cuestionó. Un total de tres millones de germanos fueron expulsados del país entre 1945 y 1946. Alrededor de 267.000 de ellos murieron en la empresa.


El fallecido escritor alemán Günter Grass, nacido en 1927, conocía bien esta experiencia. En «Pelando la cebolla» —sus polémicas memorias, donde confesó su adhesión al nazismo durante la juventud—, recuerda los «refugiados y expulsados de la Prusia oriental, Silesia, Pomerania, los Sudetes y mi ciudad natal de Danzig, y además soldados de todas las armas y grados, bombardeados y evacuados, millones de personas que se buscaban mutuamente». En muchos casos sin posibilidad de encontrarse.



Nadie quería alemanes en sus territorios y terminada la guerra, los germanos del este de Europa sabían que su futuro era incierto. Muchos niños, como muestra la reciente película «Wolfskinder» de Rick Ostermann, vagaron por los campos de combate orientales, mientras otros fueron adoptados por familias eslavas con una nueva identidad.



Tras la derrota alemana en la Segunda Guerra Mundial, Ostpreußen fue separada de Alemania y repartida entre la Unión Soviética y Polonia.
De esta manera, la provincia fue dividida en tres partes: la más septentrional y que comprendía casi toda la costa báltica (incluyendo Königsberg) se incorporó a la URSS, constituyéndose con ella el óblast de Kaliningrado, el sector meridional se convirtió en el voivodato de Varmia y Masuria bajo control polaco y, finalmente, la región de Klaipėda fue entregada a Lituania (ya anexada entonces dentro de la URSS). La capital de la antigua Prusia Oriental, Königsberg, pasó en 1946 a llamarse Kaliningrado.

Dos millones y medio de alemanes fueron expulsados del hogar de sus antepasados, sea por huída voluntaria hacia el oeste ante las ofensivas del Ejército Rojo o después de acabar la lucha mediante forzosas "transferencias de población" ordenadas por los Gobiernos de Polonia y la URSS. Los habitantes alemanes fueron reemplazados de inmediato por civiles soviéticos y polacos, los nombres germanos de poblaciones y calles fueron cambiados por traducciones de origen eslavo, y se dejó en abandono (o se destruyeron) monumentos que recordaran la antigua presencia alemana en la zona, con lo cual Prusia Oriental desapareció de facto.





Este ensañamiento realizado, fue decidido en la Conferencia de Teherán de noviembre de 1943 por parte de Churchill y Stalin, quienes justificaron este castigo como “una saludable forma de reeducación” del pueblo alemán.

Cometido este despojo sistemático, se impuso la ley del silencio.



Después los defensores de los derechos humanos han hecho siempre mutis por el foro.
















Fuentes Bibliográficas:


"History and Memory: mass expulsions and transfers 1939-1945-1949" M. Rutowska, Z. Mazur, H. Orłowski
Forced Migration in Central and Eastern Europe, 1939–1950
"Unsere Heimat ist uns ein fremdes Land geworden...“ Die Deutschen östlich von Oder und Neiße 1945–1950. Dokumente aus polnischen Archiven. Band 1: Zentrale Behörden, Wojewodschaft Allenstein
Dokumentation der Vertreibung (en alemán).
Ley de Personas Desplazadas de 1948 - Estados Unidos.
Flucht und Vertreibung Gallerie- Flight & Expulsion Gallery
Deutsche Vertriebenen – Expulsiones de alemanes - Historias y documentos.PS




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