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Berlin 1945. Das Ende

Las fuerzas disponibles para la defensa de Berlín, ahora que Busse había escapado al oeste con el 9.º Ejército, eran varias divisiones de las Waffen-SS, restos de varias unidades de la Wehrmacht, jóvenes de las Juventudes Hitlerianas, ancianos reclutados en el Volkssturm, policías, y veteranos de la Primera Guerra Mundial. A pesar de la superioridad numérica del Ejército soviético, la lucha en la ciudad fue muy feroz, y se tuvo que pelear casa por casa.






Para la defensa de Berlín se dispusieron las pocas tropas disponibles de la siguiente manera: En el oeste la XX División de Infantería, en el norte la IX División de Paracaidistas, al noreste la División Panzer Müncheberg, al sureste la División Nordland de las SS, al este del aeropuerto de Tempelhof, mientras que la XVIII División de Granaderos Blindados se mantenía como reserva en el distrito central.


El resultado de la batalla parecía decidido, pero la insistencia de Hitler en proseguir con la lucha impedía la rendición. La ciudad sufrió graves daños mientras el Ejército Rojo avanzaba sobre ella desde el 24 de abril. Pronto los soviéticos tomaron los distritos de la periferia: Pankow, Spandau, y Köpenick, y después del día 25 los soviéticos habían llegado a las orillas del río Spree en varios puntos, cercando así el centro de la ciudad.


Las tropas soviéticas avanzaron desde los grandes ejes de avenidas, desde el sureste por la avenida Frankfurter, desde el sur por la avenida Sonnen, hasta llegar a las afueras del distrito de Charlottenburg. Más al este, los soviéticos penetraban en los suburbios de Treptow, Zehlendorf, y Reinickendorf, aplastando la resistencia de las tropas de la Wehrmacht y de las milicias improvisadas del Volkssturm local. Para esas fechas los soviéticos se enfrascaron en violentos combates urbanos con los defensores alemanes, en los que fue preciso emplear obuses y artillería pesada contra edificios de todo tipo. Por su parte, los defensores atacaban a los soviéticos con granadas y Panzerfaust desde tejados y sótanos; para contrarrestarlo los jefes soviéticos recurrieron a las ametralladoras destinadas a barrer las ventanas y puertas de los edificios, así como a los ataques con cohetes Katiusha sobre las azoteas de los edificios más altos, donde no podían apuntar los cañones de los tanques.





Los soviéticos también rehusaron la táctica de avanzar por las calles de Berlín, las cuales, por su amplitud, les exponían ataques y emboscadas. Por este motivo desarrollaron técnicas de combate en espacios cerrados: mediante granadas o Panzerfaust capturados, rompían paredes de los inmuebles para avanzar de un edificio a otro, evitando las calles. Estas tácticas exigieron a los soldados enfrascarse en combates a muy corta distancia y obligaron a que la población civil se refugiase en sótanos, torres antiaéreas, o en el Metro de Berlín.


Hacia el 25 de abril, los soviéticos ya habían entrado en los distritos berlineses de Marzahn, Neukölln y Lichtenberg, mientras que las tropas alemanas retrocedían hacia la zona de los edificios gubernamentales, perseguidos por el bombardeo tenaz de los soviéticos. El 26 de abril, las fuerzas del Ejército Rojo alcanzaban el barrio de Tiergarten y los límites del barrio de Kreuzberg, mientras tomaban el aeropuerto de Tempelhof y todo el barrio aledaño. El día 27 de abril los soviéticos rebasaron finalmente el anillo defensivo basado en el Metro de Berlín y solo las zonas céntricas de la ciudad quedaron en poder de los alemanes, cuyas tropas se veían cada día en una situación más crítica, sin opciones de refuerzos externos, y con una creciente escasez de armas, municiones y suministros médicos.







El 28 de abril los soviéticos avanzaron desde el norte, acercándose peligrosamente al Reichstag, y al búnker de la Cancillería, en el que se encontraba Hitler. Los lugares donde la lucha fue más intensa fueron precisamente el Reichstag, el puente Moltke, y la Alexanderplatz. Para esa fecha los alemanes controlaban únicamente una franja de terrero de cinco kilómetros de sur a norte y quince kilómetros de este a oeste, con sus extremos en la Alexanderplatz y el Olympiastadion, respectivamente. Ante ello, en la tarde del día 28 Martin Bormann sugirió a Hitler y al general Hans Krebs que el mariscal Wilhelm Keitel, en calidad de jefe supremo del OKH debía ordenar al XII Ejército del general Walther Wenck que acelerase su avance desde el este sobre Berlín.


En la mañana del 28 de abril Heinrici se había negado a obedecer la orden de Hitler de retener Berlín sin importar las bajas, e inmediatamente fue relevado del mando y reemplazado por el general Helmuth Weidling. No obstante, al requerir datos sobre la ofensiva del general Wenck, Keitel y Krebs supieron en la noche del 28 de abril que el XII Ejército había sido detenido por los soviéticos en Potsdam y había sufrido gravísimas bajas, siendo inviable para esta fuerza seguir avanzando hacia el este; por el contrario, las diezmadas tropas de Wenck marchaban apresuradamente al oeste, con el fin de rendirse a los estadounidenses al considerar perdida la batalla por Berlín. Keitel determinó que esta noticia no se transmitiese a Hitler, quien horas antes aún fantaseaba con posibles refuerzos del destrozado XII Ejército.


Durante las últimas fases de la lucha, los combatientes de las Waffen SS estaban mayoritariamente encuadrados en la División Nordland, situada en el norte del perímetro defensivo de Berlín; esta división se hallaba entonces formada principalmente por holandeses y franceses, quienes combatían con fiereza. Precisamente sería la División Nordland la encargada de la defensa final de la Cancillería del Reich al quedar cercada en ese sector desde el 29 de abril.


Finalmente, a las 01.00 horas del 2 de mayo el general Weidling con su estado mayor envío un mensaje al general soviético Vasili Chuikov para solicitar la rendición incondicional. Chuikov se entera entonces de la muerte de Krebs y acepta a Weidling como jefe máximo de la guarnición berlinesa. Para el amanecer de ese día las tropas soviéticas lanzan un asalto final hacia la Cancillería del Reich, pero hallan muy poca resistencia en tanto la mayor parte de los defensores se habían unido al fallido intento de «ruptura».


Weidling rindió Berlín de manera incondicional a las 08:45 horas del 2 de mayo y requirió por radio a los defensores alemanes que cesaran la lucha de inmediato. Para esas horas, los focos de resistencia alemana en la ciudad eran ya muy reducidos, y la mayor parte de Berlín estaba bajo control soviético. Ante la orden de Weidling, algunos nazis fanáticos optaron por suicidarse esa misma mañana.







































































































































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