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Villers-Bocage 1944


Villers-Bocage 1944: El día de Wittmann



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Tiger I de la "Leibstandarte" en Normadía. En el difícil terreno del Bocage, sería un carro defensivo ideal


Aunque Caen constituía uno de los objetivos del día D, el fracaso de los británicos en capturarlo, llevaría a una larga lucha para romper el estancamiento del frente que seguiría. Ya antes de la invasión, se había diseñado la operación Perch, mediante la que la 22ª Brigada Acorazada británica, reforzada por la 8ª debía avanzar a través de Tilly, hacia Villers-Bocage, para tomar las colinas en la zona del Monte Pincon. Sin embargo, la Panzer Lehr frenó en seco el avance británico, y Tilly no fue tomado. Un poco más hacia el oeste, los americanos consiguieron avanzar algo más, sobre la 352ª División de Infantería alemana, que tanto daño había causado en Omaha, pero que estaba ya exhausta tras varios días de combate, pues no había recibido refuerzos de ningún tipo. Enfrentada a todo el V Cuerpo norteamericano, tuvo que retirarse, dejando, de este modo, un hueco entre ella y la Panzer Lehr. Por fin el XXX Cuerpo Británico tenia una oportunidad, y su estado mayor diseñó un plan para penetrar las lineas alemanas y atacar Caen por detrás.


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Un carro Cromwell del 5 RTR. seguido por diversos vehículos blindados. el primero de ellos un Loyd Carrier. El Cromwell era superior al Sherman en algunos aspectos, y representó el máximo desarrollo del concepto de carro crucero, hasta la aparición del magnífico Comet, que apenas entró en combate


El Segundo Ejército de Dempsey había estado esperando a que las circunstancias fuesen favorables para el empleo de la 7ª División Acorazada, con el objeto de romper el frente alemán en el sector de Caen, pero esa situación no había tenido lugar y, en su lugar, ahora se encontraban con esta oportunidad. En la primera semana de la invasión, el XXX Cuerpo era la principal unidad del Segundo Ejército al oeste de Caen, y estaba al mando del Lieutenant-General Gerry Bucknall. Sus principales unidades eran la 79 División Acorazada y la 492 y 509 Divisiones de Infantería, además de la 89 Brigada Acorazada y la 56ª Brigada de Infantería. La 49* era una unidad novata, y recién llegada, que el propio Montgomery aún no consideraba apta para participar en una ofensiva.


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Stuart Mk V de la 7th Arm. Div. circulando por un típico paisaje normando


El día 11, Dempsey era consciente de la oportunidad que se le presentaba y liberó a la 79 Acorazada, cubriendo su hueco con otras unidades. La división debería avanzar a lo largo de una única carretera, con la 22ª Brigada Acorazada en cabeza, seguida de la 131ª de Infantería.

A las 12:00 del día 12, el brigadier Hinde, comandante de la 22ª Acorazada, se reunió con el jefe de la división, el general Erskine, y recibió instrucciones para el ataque. Su objetivo seria rodear el flanco enemigo tomar las colinas al nordeste de Villers-Bocage. Hinde era un personaje muy pintoresco, naturalista aficionado, y despreocupado por su propia seguridad, que había sido protagonista de varios curiosos incidentes en la guerra del desierto debido a sus aficiones.


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El Sherman era el carro de combate más numeroso en servicio en el ejército británico en el verano de 1944


El 4th County of London Yeomanry (the Sharpshooters), al mando del coronel Vizconde Arthur Cranley, encabezaría el avance. Esta unidad era veterana del desierto, y había sufrido varias pérdidas en los combates en el bocage, sin obtener apenas ganancias. Tenían ya la conciencia de que el terreno era muy diferente a lo conocido hasta ese momento, y que los avances debían ser cautelosos y prudentes.

El 7th Hussars, equipado con carros Cromwell, cubriría el flanco, mientras que el 11th Hussars (sólo el escuadrón de estado mayor y el C) actuaría como unidad de reconocimiento con sus autoametralladoras Daimler. En apoyo directo de los Sharpshooters estaba la compañía A del primer batallón de la Rifle Brigade, que iban sobre semiorugas White, aunque sin su sección de reconocimiento.



El Daimler Mk I, armado con un cañón de dos libras y su elevada velocidad por carretera, era un magnífico vehículo de reconocimiento


Detrás de los carros se situó el 1/7th Queen 's infantry, el 5th Regiment Royal Horse Artillery (equipado con Sexton de 25 libras), la compañía I del primer batallón de la Rifle Brigade, el 5th RTR y la 260ª batería anticarro, Royal Artillery. Toda esta larga y poderosa columna avanzaría a lo largo de una única carretera, pues el recurrir a otra requeriría penetrar demasiado en el sector americano, lo que produciría, en el mejor de los casos, confusión, y en el peor, bajas por fuego amigo. El avance comenzó por la tarde del día 12, y, a las 20:00, encontró su primera resistencia, en Livry, cuando un cañón anticarro destruyó un Cromwell.

La débil posición alemana, un PaK 40 con algunos infantes, fue neutralizada tras unas dos horas de combate. Al anochecer, temeroso de descubrir sus intenciones a los alemanes, Hinde decidió detener el avance para proseguir al amanecer.

Durante las primeras horas de la noche, las unidades de reconocimiento entablaron contacto, tanto con las unidades americanas, como con el extremo del despliegue de la Panzer Lehr. Mientras, el resto de las unidades, acampó como pudo al norte de Livry, y los hombres durmieron unas escasas horas, bajo una llovizna intermitente, tan típica en Normandía.


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El Comandante de un Tiger I Ausf E inspeccionando el terreno cercano a donde se encuentra su vehículo escondido


Las primeras unidades penetraron poco después de las cinco de la mañana en Lìvry, que continuaba abandonado, y progresaron hacia Briquessard, Tracy y finalmente, Villers-Bocage. El avance era muy lento, pues se desarrollaba en pequeños saltos de los carros que iban en cabeza. El primero avanzaba hasta una cobertura, se detenía y observaba buscando enemigos. Si no veía nada, lo notificaba al siguiente, que sobrepasaba al primero, el cual, a su vez, lo cubría, y se detenía en una nueva posición, y así sucesivamente.

En la parte trasera de la columna, la confusión, la impaciencia y el desconocimiento de la situación, hacían difícil mantener la disciplina de la marcha. Todo ello era debido a la decisión de realizar el avance a lo largo de una sola carretera, algo que tendría graves consecuencias en caso de encontrar seria oposición.

A las 8:30, los primeros vehículos penetraban en Villers-Bocage, en medio de la alegría de los pocos habitantes que no habían escapado el día anterior, ante el bombardeo de la artillería británica. Incluso se abrieron cafeterías y tiendas, que se llenaron de soldados británicos: Villers-Bocage contaba, en 1944, con unos 1.000 habitantes y era un pueblo normando que había prosperado en base a un mercado tradicional sito en un importante cruce de carreteras. Estaba atravesado por la carretera RN 175, que unía Vire con Caen, y que atravesaba la población longitudinalmente por medio de dos calles, la Pasteur y la Clemenceau.


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Columna de tigers con el 205 en cabeza


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Entrada a Villers Bocage



La columna británica debía atravesar ambas calles, una a continuación de la otra, para cruzar el pueblo, de oeste a este. Pasó más de media hora, antes de que la cabeza de la columna alcanzase la cota 213, a kilómetro y medio al este del pueblo, siguiendo la carretera RN 175, su objetivo inicial, sin encontrar oposición.

A las 9:00 el escuadrón A alcanzaba la cota 213, y sus carros tomaban posiciones defensivas alrededor de la carretera. Más atrás, a casi un kilómetro de distancia, la compañía A de infantería, a bordo de semiorugas White, dejaba la carretera libre para el resto de la columna. Les seguían dos anticarros de 6 libras y tres carros Stuart de reconocimiento. Treinta metros por detrás, dentro del pueblo, seguía el estado mayor de los Sharpshooters, con su jefe, el coronel Cranley. Este estaba preocupado por la falta de un reconocimiento adecuado, cuando llegó Hinde, que le urgió a situarse en la cota 213 para comprobar la situación por sí mismo.

Cranley, en un vehículo blindado, llegó a la cabeza de la columna, para cerciorarse de lo adecuado del despliegue. Hinde, por su parte, dio la vuelta y desapareció hacia la retaguardia de la columna. Las siguientes unidades de la columna eran cuatro carros Cromwell, al mando del comandante Carr, dos carros de observación de artillería y varios vehículos blindados, y, tras ellos, cuatro Stuarts más de reconocimiento. Más atrasados, penetrando en la calle principal de la población, comenzaban a llegar los carros Cromwell del escuadrón B, con un Firefly en cabeza. Los carros se detuvieron en la calle principal, y las dotaciones desmontaron de sus vehículos, ante el ambiente de tranquilidad que se respiraba.


El día de Wittmann

En la tarde del dia 12, una sección de la 22 Compañía del schwere SS-Panzer-AbteiIung 101 acababa de llegar al área de Villers-Bocage, para apoyar a la Panzer-Lehr y ayudar a cerrar la brecha creada en el frente. Muchos de los carros Tiger I habían sufrido averías mecánicas de mayor o menor consideración, pues habían avanzado sin interrupción desde la frontera belga hasta Normandía, de tal manera que sólo seis Tiger I de esa compañía habían alcanzado el frente. El jefe de la 22 compañía era el Obersturmführer Michael Wittmann, as del frente oriental, con más de cien carros destruidos en su haber. Su propio carro, con el numeral 205, había quedado averiado en el camino, e iba bordo de otro.

Al anochecer, había estacionado sus carros, bien camuflados, a unos 200 metros al sur de la RN 175, en una granja llamada La Ciderie, sobre la antigua carretera a Caen, a poco más de un kilómetro al nordeste de Villers-Bocage. Su presencia era totalmente ignorada por los británicos. A unos quince kilómetros al este, los diez Tiger del capitán Möbius, jefe de la 1ª compañía, también estaban reagrupándose, recién llegados, mientras que la 3ª compañía aún estaba en Falaise, y no tomaría parte en la acción.


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En la mañana del día 13, las dotaciones alemanas vieron, con gran sorpresa, una larga columna de vehículos blindados británicos que se desplazaba confiadamente a lo largo de la carretera, y avisaron a su jefe, que acudió para apreciar la situación personalmente. Aunque sus órdenes eran reagruparse para reforzar el flanco de la Panzer-Lehr, la visión de los carros británicos alrededor de la cota 213, con los semiorugas parados en los arcenes de la carretera, y más carros agrupados y confiados en las afueras del pueblo, hacia su interior, le hizo tomar la decisión de aprovechar la oportunidad de oro que se le presentaba.

Subió al Tiger más cercano, pero éste, con su motor ya en muy mal estado, se averió tras recorrer unos escasos veinte metros, por lo que pasó al siguiente, con el numeral 222. Los otros cuatro Tiger le siguieron, sin esperar órdenes superiores. Sabían lo que tenían que hacer.


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Panzerkampfwagen VI Ausf.E Tiger I (Sd.Kfz.181) ​​de la 2.Kompanie / schwere SS-Panzerabteilung 101 en las afueras del noreste de Villers-Bocage


Eran alrededor de las 9:00 cuando al sargento O'Connor, de la 1ª sección, gritó por la radio: "por el amor de Dios, poneos en marcha, hay un Tiger avanzando a unos 50 metros". Inicialmente, cuatro Tiger tomaron parte en el ataque. El primer carro destruido fue un Cromwell del escuadrón A, que estalló envuelto en llamas.

El siguiente fue un Firefly, que bloqueó totalmente la carretera. Dejando que los otros Tiger acabasen con el escuadrón A en la cota 213, Wittmann dirigió su carro hacia la RN 175, y, tras alcanzarla, giró a la izquierda para dirigirse hacia Villers-Bocage. Ante él se presentaba un espectáculo nunca soñado, una larga columna de vehículos blindados cogidos totalmente por sorpresa, incapaces de reaccionar ante la amenaza recién materializada.

El cañón de 8,8 cm comenzó a disparar sin interrupción a los numerosos blancos que se le iban presentando. Uno tras otro, los semiorugas White, los cañones anticarro de seis libras, y los Stuart de reconocimiento fueron destruidos, impotentes ante la furia que se les echaba encima. La infantería británica, presa del pánico, huyó y buscó refugio donde pudo, bajo el fuego de las ametralladoras del Tiger.

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Los comandantes de una compañía de Tiger I recibiendo instrucciones antes de una misión. La uniformidad es de lo más variada


Ya desde el interior de la población, los británicos, incapaces de apreciar inicialmente la situación, lo primero que vieron fue a los Stuart saltar por los aires. Uno de los Cromwell intentó retroceder, sin éxito. El comandante Carr, desde su Cromwell, vio al Tiger y le disparó, consiguiendo un impacto en la torreta, desde menos de 100 metros, que resultó inútil frente al espeso blindaje del carro alemán. Instantes después, el Cromwell ardía como una tea. Empujando fuera de la carretera a un Stuart destruido, el carro de Wittmann continuó su camino, entrando en la vía principal de la ciudad, la calle Clemenceau, en dirección hacia la calle Pasteur.

Atravesando una columna de espeso humo negro, procedente del combustible de los vehículos incendiados, el Tiger se encontró con otro Cromwell, a unos 40 metros de distancia. Un impacto bastó para ponerlo fuera de combate. El siguiente carro fue destruido desde poco más de 20 metros. Wittmann no vio a un Cromwell que se había escondido apresuradamente en un jardín, y lo sobrepasó, continuando su carrera de destrucción. El carro británico, al mando del capitán Dyas, no pudo disparar sobre el Tiger mientras éste le sobrepasaba.

El caos era absoluto en la columna británica, y, los intentos de controlar la situación, algo imposible. Algunos oficiales ordenaron que los carros y vehículos blindados se desperdigaran en medio de la confusión, para intentar escapar de la destrucción que se les venía encima. Para empeorar las cosas, las comunicaciones por radio estaban fallando estrepitosamente, y la única forma fiable de comunicarse iba a ser a viva voz durante los siguientes momentos. Uno de los oficiales ingleses, el teniente Pierce, logró retroceder a lo largo de la columna y avisar a varios mandos de lo que ocurría.


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Cuatro Stuart de reconocimiento intentaron salir de la calle, mientras que otros carros comenzaban a dar marcha atrás, a una exasperante velocidad. Uno de los escasos Firefly, el único carro que, con su cañón de 17 libras era capaz de representar una seria amenaza para Wittmann, se detuvo sobre una acera, en la entrada de la calle Pasteur, y esperó la aparición del carro alemán.

Cuando el jefe del escuadrón B, el Major Aird, tuvo conocimiento de la suerte de las unidades de reconocimiento, se quedó bloqueado, incapaz de comprender claramente la situación. Pronto llegó a su altura el jefe del escuadrón C, el major McColl, que si tuvo la presencia de ánimo y la resolución suficientes para tomar decisiones sin esperar órdenes superiores, e intentar controlar la situación. Mientras tanto, Wittmann continuaba recorriendo la calle, destrozando lo que encontraba a su paso. Les llegó el turno a los dos carros de observación de artillería, un Sherman y un Cromwell, que intentaban dar la vuelta.

El Cromwell tenia un cañón de 75 mm, pero el Sherman sólo tenia uno de madera, falso. Éste estaba por delante del Cromwell, y lo ocultaba casi por completo. Un disparo del 8,8 penetró el frente de la torreta y el Sherman comenzó a arder.

El Cromwell intentó escapar, y dar la vuelta en una finca próxima, pero quedó inmovilizado al bloquearse una cadena. Cuando la dotación vio que el Tiger se aproximaba y comenzaba a girar su torreta hacia ellos, abandonó el carro precipitadamente. El disparo del 8,8 penetró limpiamente bajo la torreta del carro británico. Mientras esto ocurría, el Cromwell del capitán Dyas, que había sido sobrepasado por Wittmann, había vuelto a la calle y seguía al Tiger a cierta distancia, buscando una oportunidad para disparar sobre el más delgado blindaje trasero del carro alemán.


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Un carro Tiger I Ausf E de la "Leibstandarte" avanzando por una carretera normanda. La espesura y el bocage favorecían el enmascaramiento y la ocultación frente a la constante amenaza aérea, pero restringían mucho el movimiento


Wittmann, por su parte, siguió su camino por el centro de Villers-Bocage, hasta que un disparo procedente de su frente falló por muy poco, impactando en una de las casas. Giró la torreta hacia la nueva amenaza, pero la visibilidad en la calle, en medio del polvo y el humo, era muy escasa. El carro se estremeció ante un impacto directo que no logró penetrar el blindaje. Wittmann pudo localizar por fin al enemigo que le estaba disparando. Un Firefly, a unos 400 metros de distancia, pegado a las casas, y medio oculto por el humo. Los dos primeros disparos del Tigre fallaron por muy poco, impactaron en las casas, y cubrieron al carro británico de cascotes, dificultando aún más su localización. El cañón de 17 libras era muy capaz de destruir al Tiger, y Wittmann, ya perdido el elemento sorpresa, y muy escaso de munición, decidió dar la vuelta, y reunirse con su unidad, que había quedado atacando a las fuerzas británicas aisladas en la cota 213.

En el camino de vuelta, en medio del humo y los restos de vehículos en llamas, se topó con el Cromwell de Dyas, que le seguía. Dos proyectiles de 75 mm rebotaron inofensivamente en el Tiger, tras los que un disparo del 8,8 penetró el frente de la torreta del Cromwell sin dificultad.

Dyas, aunque conmocionado, tuvo la suerte de sobrevivir al encuentro. Poco después, al alcanzar el cruce de Tilly, la suerte de Wittmann se acabó. Uno de os cañones de 6 libras había sido puesto en posición, y logró un impacto que inmovilizó al carro alemán. Wittmann no tenía otra opción que abandonar el carro, rodeado como estaba de enemigos, y a casi dos kilómetros de sus compañeros. Disparo con todas sus armas contra todo lo que tenia a tiro, para cubrir su retirada, y su dotación abandonó el carro dirigiéndose hacia sus líneas, situadas al norte de la población, sin mayores dificultades.

Apenas habían pasado diez minutos desde el primer disparo alemán. Los británicos habían perdido, sólo en la población y la carretera, trece carros de diverso tipo, diecisiete vehículos blindados y dos cañones anticarro.


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Entre la devastación de Villars-Bocage podemos ver los restos del Sherman de observación de artillería del 3rd Rgt. Royal Horse Artillery del Major Dennis Well, destruido por Wittman


Mientras esto ocurría en Villers-Bocage, en la cota 213 el drama se repetía. Tras haber perdido dos carros en el encuentro inicial, el escuadrón A se desperdigó alrededor de la posición. Contaba, al menos, con siete Cromwell, dos Firefly y el Dingo del coronel Cranley. A ellos había que añadir un carro de observación de artillería y un desorganizado grupo de soldados de infantería de la compañía A, además de siete oficiales y suboficiales, que habían salvado, tras la desbandada inicial, tres White, dos Dingos y varias motocicletas. Desde luego no era una unidad de infantería equilibrada.

Los alemanes comenzaron a converger sobre la colina. Además de los Tiger, comenzaron a llegar algunos elementos de infantería, que comenzaron a hostigar a los británicos con fuego de fusil y ametralladora, causando varias bajas. El Tiger que inicialmente había cogido Wittmann y se había averiado, pudo alcanzar, tras hacer arrancar el motor con mucho esfuerzo, la carretera RN 175, y divisó a dos Cromwell cerca de la cota 213, a los que destruyó con dos disparos. Después, se retiró a una cobertura, para apagar el motor y poder hacer unas mínimas y necesarias reparaciones. Los otros tres carros tomaron posiciones alrededor de los británicos, y esperaron la llegada de refuerzos. Los alemanes no eran conscientes de la fuerza británica que tenían enfrente, y estaban sin jefe (wittmann estaba,en ese momento, volviendo a pie, dando un rodeo), y los británicos también estaban totalmente desorientados. Sólo confiaban en mantenerse en sus posición desde la cercana Villers-Bocage.


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Mientras tanto en Villers-Bocage la confusión era total. El major Aird se encontraba ahora al mando de las unidades blindadas allí detenidas. Suponía que lo peor había pasado, y su mejor opción era llamar al batallón de infantería que le seguía, para consolidar la población, e intentar contactar con el escuadrón A, bloqueado en la cota 213. Si lograba mantener el contacto por radio con su coronel, y así éste tenia una idea aproximada de la situación. A las 9:30 el 1/7th Queens recibió, por fin, la orden de penetrar en la ciudad, y comenzó su avance. Las primeras unidades en llegar fueron los carriers y los cañones anticarro de 6 libras, seguidos, un tiempo después, por las cuatro compañías de infantería.

Inmediatamente tomaron posiciones en las afueras, intercambiando disparos con elementos de infantería alemana, que también comenzaban a penetrar en la localidad (tanto de la Panzer Lehr como de la 2ª Panzerdivision). Cuando más hacia falta, el brigadier Hinde, que debía coordinar las acciones de todos los elementos de su brigada, y tomar decisiones en función de la situación real, brillaba por su ausencia, y las unidades británicas se movían siguiendo las indicaciones de los jefes de compañía bloqueados en Villers-Bocage.

Mientras esto ocurría, Wittmann y su dotación alcanzaban Orbois, a cinco kilómetros, donde se encontraba el cuartel general de la Panzer-Lehr. Allí informó de la situación, y pronto se destacó un destacamento de la división, con quince Panzer IV (el grueso de la misma estaba combatiendo en Tilly). Además se notificó a Möbius la situación y sus diez Tiger comenzaron a recorrer los quince kilómetros que les separaban de Villers-Bocage. Poco después, se logró agrupar a otros diez Panzer IV, recién reparados, también de la «Panzer-Lehr», que se pusieron inmediatamente en camino. Wittmann subió a un Schwimmwagen, y alcanzó a Möbius, poniéndole al corriente de la situación.


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Un carro Tiger arrastrando a otro averiado. Para mover a un carro Tiger con sus 56 toneladas, eran necesarios tres tractores de 18 toneladas, o bien otro de los valiosísimos Tiger. Sólo la entrada en servicio del Berganther y del Bergetiger, siempre en muy escaso número, solucionó esta situación


Al mismo tiempo, la situación en la cota 213 se hacía cada vez más crítica. El único apoyo que recibieron los asediados británicos fue un discreto fuego de artillería de los Sexton de la brigada. A las diez de la mañana les comunicaron por radio que la infantería de los Queens estaba entrando en Villers-Bocage, y que pronto intentarían sacarlos del atolladero. Pero el tiempo pasaba, las bajas se acumulaban, y los refuerzos no llegaban.

A las 12:35, el coronel Cranley fue consciente de que su tiempo se acababa, y solicitó una cortina de humo para intentar una ruptura. Pero la infantería no se decidió, y un Cromwell que salió al descubierto fue inmediatamente destruido. Con más de treinta heridos, rodeados, bajo el fuego intermitente de ametralladora y alto explosivo, y sin que las cercanas unidades amigas de Villers-Bocage diesen muestras de intentar liberarlos, con la llegada de los tres Tiger de Möbius, la única opción que contemplaron los oficiales británicos fue la rendición, cosa que hicieron con tal celeridad que no les dio siquiera tiempo a destruir la totalidad de sus propios carros.


El segundo ataque

El mayor Aird, que se mantenía el mando de los Sharpshooters en Villers-Bocage, decidió buscar rutas alternativas, hacia el sur de la población. Para ello destacó a una sección del escuadrón B, al mando del teniente Cotton, compuesta por dos Cromwell, un Cromwell CS (el de mando, armado con un obús de 95 mm), y un Firefly. Mientras tanto, el 1/7th Queens estaba tomando posiciones en el centro del pueblo, al tiempo que la infantería alemana, aún muy escasa, también comenzaba a infiltrarse desde el extremo este, y consolidaba posiciones en torno a la estación de ferrocarril. Los seis cañones de seis libras del batallón fueron emplazados para cubrir los accesos desde el este. Tres compañías tomaron posiciones, mientras otra quedaba en reserva.

La sección de Cotton, tras no haber encontrado una ruta alternativa, bloqueado por el talud formado por la vía de ferrocarril, dio la vuelta y penetró en el pueblo al lado de ayuntamiento, y tomó posiciones en desenfilada en la pequeña plaza que había delante. Apagaron los motores y esperaron. Junto a ellos, también emboscado, estaba uno de los cañones de seis libras.


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Un Tiger de la "leibstandarte" en una villa normanda, con la dotación en una actitud muy relajada, algo nada habitual durante el día


Los primeros Panzer IV de la «Panzer-Lehr» comenzaron a penetrar en el extremo este de Villers-Bocage, cuando dos de ellos fueron puestos fuera de combate por uno de los cañones de seis libras. Los Tiger I de Möbius estaban llegando en ese momento, y, percatándose de la situación, cuatro de ellos penetraron en el pueblo, para neutralizar al anticarro. Uno de los Tiger fue alcanzado, sin consecuencias, y en el intercambio de fuego posterior, el cañón fue destruido. Tras eliminar esta primera amenaza, los carros alemanes siguieron su camino por la calle principal, la calle Clemenceau, el mismo camino que había recorrido Wittmann unas horas antes, esperando tentar a los británicos a precipitarse. Los Tiger apenas tenían infantería de apoyo, y su única opción era que el enemigo se descubriese, pues, en medio de una población, y combatiendo a quemarropa, las ventajas que les proporcionaba su blindaje y su cañón, quedaban en gran parte neutralizadas.

El primer Tiger asomó a la plaza del ayuntamiento, y el Firefly disparó inmediatamente, fallando, pero el seis libras si pudo poner fuera de combate al carro alemán con su primer disparo. Los británicos se habían descubierto por fin. Otro grupo de cuatro Tiger intentó, entonces, hacer un movimiento de flanqueo por las calles adyacentes, para atacar la plaza por detrás, pero, carentes de infantería, eran tremendamente vulnerables en las estrechas callejuelas de Villers-Bocage. Uno fue puesto fuera de combate por un cañón de seis libras emboscado en un callejón, mientras que otros dos lo fueron por disparos de lanzagranadas PIAT, aunque sólo uno resultó destruido. El PIAT, normalmente inútil, resultaba muy eficaz cuando podía ser utilizado desde posiciones ocultas, con alcances de pocos metros.


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El Tiger que penetró más en Villers-Bocage. Tras ser alcanzado al pasar a la altura de la plaza, continuó avanzado hasta empotrarse con la casa


EI Firefly de la plaza descubrió otro de los Tiger a través de las ventanas de una casa, y disparó por el hueco que tenia, obteniendo un impacto, que no causó daños. El carro alemán aceleró bruscamente y pasó por delante de la plaza, sin dar tiempo a que los británicos le disparasen. Uno de los Cromwell salió detrás de él y le alcanzó en la parte trasera, sin aparente efecto, aunque el Tiger se empotró contra una casa varias decenas de metros después. El Cromwell volvió a la plaza justo a tiempo, pues apareció un Panzer IV, que también fue puesto fuera de combate por el Firefly.

Mientras este juego del gato y del ratón ocurría, la infantería alemana, en número cada vez más creciente, iba progresando desde la estación de ferrocarril, haciendo retroceder a los británicos, y acercándose a la plaza del ayuntamiento. Contaron, por una vez, con cierto apoyo artillero, que se reveló muy eficaz. Un pelotón de morteros británico y varios Bren Carriers resultaron destruidos, y la sección de mando de los Queens quedó bloqueada, sufriendo elevadas bajas.


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Otro de los Tiger I destruidos en Villers-Bocage, tras el bombardeo posterior a la batalla que sufrió la población, por parte aliada, que causó enormes destrozos


Era ya por la tarde, y las fuerzas alemanas se incrementaban paulatinamente, no sólo en Villers-Bocage, sino también en los alrededores. Estaba claro que la oportunidad había pasado y que la situación en la población comenzaba a ser critica para los británicos, por lo que el brigadier Hinde, en una de sus escasas decisiones ese día, ordenó la retirada, a cubierto de una barrera artillera. Al anochecer, ésta se llevó a cabo sin mayores complicaciones. Villers-Bocage quedaba en manos de los alemanes, y el intento de ruptura había sido conjurado.

El día siguiente, catorce de junio, vería encarnizados combates en el sector, pues se había creado un saliente en el frente, que los alemanes tratarían de reducir, y los británicos, mantener, recurriendo para ello a todo su potencial artillero y aéreo. Ya durante la tarde del día 13, los combates se habían generalizado entre Tilly y Villers-Bocage, bajo una llovizna que impedía las operaciones aéreas, hasta que, por la noche, los encuentros cesaron.

A las nueve de la mañana, un ataque por parte de la infantería alemana sobre las posiciones del 1/7th fue rechazado con la ayuda de los carros, que utilizaron principalmente sus ametralladoras, como si de bunkers se tratara. Un devastador bombardeo artillero, utilizando todas las piezas británicas y norteamericanas del sector, resultó decisivo para neutralizar todos los ataques alemanes.


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Wittmann con su tripulación


Por la tarde se reanudaron los ataques, apoyados por fuego de mortero, y aunque costosos para los alemanes, que eran conscientes del peligro que entrañaba el saliente británico, su reiteración e intensidad, lograron convencer al estado mayor de la 72 Acorazada que la posición era insostenible, y que la línea debería ser restablecida hacia la retaguardia. Un último ataque, esta vez con apoyo artillero, tuvo lugar al anochecer, cuando estaba a punto de iniciarse la retirada. De nuevo la poderosa artillería aliada impuso su ley, y, aunque los alemanes lograron ciertas penetraciones, fueron finalmente rechazados, perdiendo la «Panzer-Lehr» una veintena de carros, y mucha infantería.

Las unidades de Tiger, por su parte, sólo perdieron un vehículo. Finalmente, en medio de la oscuridad, los británicos lograron replegarse. La batalla había concluido.


Conclusiones

No es fácil establecer un ganador claro en la batalla de Villers-Bocage. Cinco Tiger I fueron puestos fuera de combate, aunque la mayoría fueron recuperados posteriormente, además de un cierto número de Panzer IV. Las bajas británicas fueron mucho más elevadas. Se perdieron totalmente dieciséis Cromwell, cuatro Firefly, tres Stuart, trece semiorugas y dos cañones anticarro. En hombres, sufrieron unas 80 bajas, de ellos un tercio resultaron muertos. La mayor parte de estas bajas se deben al ataque inicial de Wittmann, que, por si mismo, obtuvo 25 blancos. Y ello irrumpiendo en el medio de una columna enemiga, y penetrando en una población sólo, sin apoyo alguno, no ya de carros, sino de infantería. Y todo en menos de diez minutos. Que el Tiger no era invulnerable quedó patente en el segundo ataque, cuando se perdieron cuatro. Lo que añade más valor a la hazaña de Wittmann.


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Tiger 205 número 205 comandado por Wittmann


De todas formas, las bajas británicas fueron reemplazadas en pocos días, tal era la ventaja logística aliada, mientras que las alemanas eran irreemplazables. Lo que es innegable es que el avance de la 222 Acorazada, que podía haber hundido el frente en un momento crítico, fue detenido, y el frente se estabilizó durante mucho tiempo. Esa fue la principal consecuencia de la intervención de Wittmann. Por otra parte, Wittmann no hizo más que ejemplarizar la doctrina alemana, la Auftragstaktik según la cual, los mandos, a todos los niveles, hasta el último soldado, eran libres de aprovechar las oportunidades que se les presentaran para llevar a cabo su misión. Wittmann vio la oportunidad de cortar la columna británica en dos y destruir a un gran número de unidades enemigas que ignoraban totalmente su presencia, y la aprovechó.

Cuando comenzó a encontrarse una seria oposición, pasada ya la sorpresa inicial, y cumplida su misión, lejos de actuar temerariamente, volvió hacia sus compañeros. Esta actitud contrasta con la pasividad con que los británicos afrontaron el ataque, confiados como estaban en la ausencia de enemigos. El jefe de la brigada no estuvo a la altura de las circunstancias, y no supo reaccionar adecuadamente ante la inesperada amenaza, algo que se repetiría con demasiada frecuencia en las unidades aliadas durante la Segunda Guerra Mundial. Sólo algunas acciones individuales aportaron un poco de orden y sentido común tras la debacle inicial, y evitaron una catástrofe aún mayor.



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Fuentes:

Operaciones Acorazadas de la Segunda Guerra Mundial. Ediciones Quirón.
Autor: Juan Vázquez García
Ilustradores: Luis Fresno Crespo - Julio López Caeiro

https://www.battlefieldhistorian.com
http://www.strijdbewijs.nl/
http://mejoresfotos2gm.blogspot.com.es/
https://en.wikipedia.org
http://www.elgrancapitan.org

Colecciones Fotográficas:
Archivo «Canario» Azaola - Archivo Editorial
Archivo particular del autor - Archivo Lucas Molina
Biblioteca Nacional (Madrid) - Archivo General Militar (Ávila)
Archivo general de la Administración - Bundesarchiv (Coblenza)













Was nicht tötet mich, macht mich stärker

(Lo que no me mata, me hace más fuerte).

Aquí estamos, claro que sí, a pesar de algunos.

No hago propaganda de ningún tipo, sólo muestro los múltiples puntos de vista respecto al tema de la Segunda Guerra Mundial. Ustedes deciden que actitud tomar sobre este apasionante y al tiempo controvertido mundo. Y aclaro, pues tal vez sea necesario hacerlo, que  uno ni es dueño de la verdad, ni busca imponer ningún punto de vista sobre alguna cuestión sujeta a debate a nadie. PS.

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