sábado, 18 de febrero de 2017

Kamikaze. "Viento Divino"


La leyenda popular los muestra como unos sujetos que se abalanzaban con sus Zeros sobre los enemigos de Japón al grito de ¡Banzai! Sin embargo, la realidad es bien diferente, pues detrás de esa imagen de fanáticos dispuestos a inmolarse por su país que tenían los Kamikaze había historias emotivas, de valor y, en algunos casos, hasta cómicas. 



Entre las vivencias más curiosas destacan las de Yoshiomi Yanai, hoy de 93 años. Y es que, este japonés sobrevivió debido a que, en su última misión –aquella en la que debía dar su vida por Japón- no pudo localizar su objetivo y, finalmente, decidió regresar a su base. Tampoco es desdeñable la de su compañero, Hisashi Tezuka, quien está hoy vivo gracias a que escuchó por radio al emperador Hirohito decir que Japón se había rendido… ¡justo antes de estrellarse! Estos dos nipones son unos de los pocos que, a día de hoy, pueden decir que combatieron en la Segunda Guerra Mundial y aún siguen vivos. 

Yoshiomi Yanai, entonces de 23 años de edad, fue uno de los muchos pilotos que, cuando Japón empezó a perder la guerra y carecía de tropas, rellenó el formulario para ser un piloto suicida a lomos de un Zero. Muchos de ellos eran estudiantes universitarios que habían sido rechazados por las fuerzas aéreas pero que, en el ocaso de la contienda, eran llamados a filas de esta peculiar forma. Fueron, en definitiva, los hombres pertenecientes al «viento divino» (traducción aproximada de «Kamikaze»). Unos 2.500 de los cuales murieron en su misión. Todo ello, a pesar de que solo una de cada cinco impactaba en el lugar correcto. 




La historia de Yanai, en su momento de 23 años y hoy con una setentena más, comenzó cuando despegó rumbo a su destino. Por entonces ya había escrito una carta a sus padres en las que les informaba de sus intenciones. «Padre, madre, me voy a matar ahora. Voy a morir con una sonrisa. Yo no era un hijo perfecto, perdonadme por favor por ello. Yo me marcharé el primero y os estaré esperando», explicó en letras bien grandes. Aquel era, presuntamente, el último mensaje que iba a enviarles, aunque posteriormente pudo verles en persona. 




Durante el vuelo la suerte le fue esquiva en parte, pues no pudo cumplir con su deber al no hallar el objetivo sobre el que debía estrellarse. Así pues, mientras el resto de los compañeros de su unidad terminaban con su vida, él se mantuvo en el cielo tratando de orientarse. Así hasta que, hastiado, regresó al aeródromo. Acababa de salvarse, y gracias a su torpeza. «Me siento fatal por mis compañeros, todos los que murieron aquel día», señala en declaraciones recogidas por la cadena británica. Hoy en día, todavía conserva fotografías con sus amigos y compañeros Kamikaze. 

Otro de los casos más curiosos recogidos por esta cadena es el de Hisashi Tezuka, de 23 años cuando se alistó. Él destacó sobre el resto por la forma que tuvo de responder al formulario de inscripción. Este contaba con tres opciones: «Deseo apasionadamente unirme», «Deseo unirme» y «No quiero unirme». El japonés tachó todas y escribió «Voy a unirme». Según explica –usando un argumento que afirman tantos otros- no tenía otra opción, pues le movía el patriotismo, el sacrificio y se sentía compungido por las necesidades de su país. 



Al ser uno de los hermanos menores de una familia, no tuvo problemas para acceder. No sucedía lo mismo con aquellos que eran primogénitos, sobre los que recaía una gran responsabilidad en Japón y era sumamente considerados. Así pues, tras despedirse de sus padres partió en su caza. «Estaba listo para morir, mi mente estaba totalmente en blanco», explica. Sin embargo, salvó la vida gracias a que antes de estrellarse, escuchó por radio al emperador Hirohito anunciar que la guerra había terminado y Japón había capitulado. Unas palabras sumamente oportunas y que, casi literalmente, le dieron la vida. 








Hosokawa Hachiro.

La «bandera del Sol Naciente» era la insignia naval de Japón, la cual portaron muchos pilotos en su último viaje.


 Chicas de secundaria despiden a un piloto con ramas de sakura.





El vicealmirante Ōnishi, quien instituyó el Grupo Especial de Ataque tokkōtai.

Fotografía de la ceremonia del primer ataque tokkōtai donde aparecen Yukio Seki recibiendo una taza de agua y el vicealmirante Takijirō Ōnishi (en primer plano, de espaldas).







































Fuentes Bibliográficas:

Axell, Albert; Kase, Hideaki (2002). Kamikaze: Japan's Suicide Gods. New York: Longman. ISBN 0-582-77232-X.
Emiko, Ohnuki; Tierney (2002). Kamikaze, Cherry Blossoms, and Nationalisms: The Militarization of Aesthetics in Japanese History. University of Chicago Press. ISBN 0-226-62091-3.
Gambetta, Diego (2006). Making Sense of Suicide Missions. Oxford University Press. ISBN 0-199-29797-5.
Gaskin, Carol; Vince Hawkins, Juan Antonio Cebrian (2005). Breve historia de los samuráis. Nowtilus S.L. ISBN 8-49763-140-4.
Inoguchi, Rikihei; Nakajima, Pineau (1980). Javier Vergara, ed. El Viento Divino.PS

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