lunes, 9 de enero de 2017

Las bicicletas de la guerra

Lo que hoy parece un vehículo inofensivo para movernos por la ciudad, antes era utilizado como una verdadera arma militar. Sí, estoy hablando de la bicicleta. Durante la Segunda Guerra Mundial, los ejércitos de ambos bandos utilizaron las dos ruedas para mover rápidamente sus tropas: en el bando del eje, era el transporte favorito de los espías hitlerianos en los años previos a la guerra, y durante la batalla, los paracaidistas británicos surcaban los cielos con bicis plegables para poder pedalear en tierra.

La bicicleta ofrecía un desplazamiento económico y rápido, lo que la convertía en el mejor transporte para hacer recados, repartir el correo, transportar armas y municiones, patrullar, o incluso para disparar.  Sólo hay que ver los artilugios que se acoplaban a las bicis para poder llevar armas o misiles.

La mayoría eran bicicletas de caballero, con un marco triangular fuerte, tubos de mayor dureza y unos enormes neumáticos de 28 pulgadas. En la parte trasera se solía llevar una caja de herramientas y un portamaletas, además de dos suspensores montados en la barra, donde podía caber hasta una tienda de campaña. Muchas de las bicicletas utilizadas en la guerra eran requisadas a los judíos o a los ciudadanos de los países conquistados.

La bicicleta más famosa de la Segunda Guerra Mundial era la "NSU Wehr Sport", aunque con el aumento de la motorización de las tropas, las unidades de soldados con bicicletas se fueron poco a poco disolviendo. Solo en los últimos años de la guerra (1944-1945) y la falta de combustible para los vehículos a motor, se empezaron a utilizar de nuevo las bicis.

El bando aliado también tenía sus propias bicis militares: las BSA británicas. Pero además tenían entre sus filas unas pequeñas bicis plegables (‘Folding Military Bicycle’) concebidas como un rápido y ligero medio de transporte para las tropas aéreas. Estas bicis aumentaban la capacidad de reagruparse de estos soldados. Su diseño permitía plegarlas por la mitad, llevarlas encima durante el salto en paracaídas y una vez en tierra poder pedalear.

En Los Países Bajos, la producción anual de la industria de la bicicleta en los años 40 alcanzó las 471.000 unidades, una cifra que se vio rápidamente mermada a partir de 1942 con el auge del tráfico motorizado. Desde el Ayuntamiento de Ámsterdam, se pedía que todos los propietarios de una bicicleta de caballero, llevaran su vehículo a las estaciones para destinarlas a las fuerzas armadas alemanas. Había incluso graves castigos para aquellos que no obedecieran. Este hecho se consideraba como una acción de 'préstamo', aunque las bicis nunca fueron devueltas. Y la verdad es que esto no sentó nada bien a los holandeses, ya que les habían quitado su principal medio de transporte. De hecho, hoy no lo tienen completamente olvidado: cuando el equipo nacional de fútbol holandés se enfrentó a los alemanes en la semi-final de la Eurocopa 1988, los aficionados entonaron unas canción en  Hamburgo que decía: "Devolvernos nuestras bicicletas!"

Poco tiempo antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, era habitual ver por tierras británicas a grupos de hombres jóvenes y rubios pedaleando en pantalones cortos. Eran alemanes. Con cámara en mano, fotografiaban el paisaje inglés, sus torres, puentes e iglesias. Y no eran precisamente turistas, sino miembros de las Juventudes Hitlerianas con una misión: espiar y reconocer el terreno. Se les conocía como 'spyclist'. Las rutas ciclistas que encubrían este espionaje fueron promovidas por la organización nazi de los ciclistas alemanes. Tanto era el miedo de los británicos, que la policía comenzó a seguir la pista de todos los estudiantes alemanes que llegaban a Inglaterra de vacaciones con su bicicleta. Según el archivo secreto del Gobierno británico (MI5), se llegaron a identificar hasta cinco grupos diferentes de ciclistas formados por 20 hombres cada uno que visitaban lugares como Cambridge, Oxford y Londres. Durante sus viajes, los espías alemanes intentaron incluso hacer amistades con los Boy Scouts británicos.

La bicicleta fue también muy utilizada en otros conflictos bélicos, como en la Revolución rusa de octubre del 1917, cuando el Palacio de Invierno del entonces Petrogrado, donde estaba reunido el Gobierno, fue rodeado por un batallón ciclista. El régimen zarista dimitió y cedió el poder al Soviet de Petrogrado, presidido por Lenin.




Detalle de una Truppenfahrrad Wanderer 1940 de 28" de la Wehrmacht, con su caja cargada con 3 Stielhandgranate M24 y un cargador de tambor para ametralladora.









Un poquito de chanza también es saludable.



























































Fuente: Las bicis de la guerra. El rincón de la bicicleta Almudena Martín. PS

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