viernes, 30 de diciembre de 2016

Carteles y afiches de la guerra

La Segunda Guerra Mundial fue, sin duda alguna, la guerra del siglo XX. A diferencia de la “Gran Guerra”, que sería la culminación de eventos profundamente arraigados en el siglo XIX, avivados por la ineptitud de la diplomacia europea, la Segunda Guerra Mundial era un reflejo de los avances tecnológicos, políticos y culturales de la época en que tuvo lugar.



Uno de los ejemplos más reveladores de esto fue la propaganda. Creativos publicitarios fueron convocados por los gobiernos, no para difundir la noticia de que había guerra, sino para venderla. Se valieron de cada técnica y recurso conocido hasta la fecha para convencer a las personas, muchas veces escépticas, de que las carnicerías y la destrucción masiva que devastaba al mundo, estaba bajo control y eran algo totalmente necesario.

En aquella época, los carteles de propaganda eran la herramienta más efectiva disponible para los gobiernos a la hora de informar, seducir y convencer al pueblo. En nuestros días, no son más que poderosos recuerdos de la última vez que la Humanidad intentó destruirse a sí misma.






































































Al contrario que otros regímenes totalitarios, el nazismo alemán logró poner de su lado a una gran cantidad de artistas, tanto músicos, como pintores y cartelistas. Esto hizo que, desde sus inicios, el Partido Nazi contara siempre con vistosos e impresionantes carteles publicitarios. Además, hay que tener en cuenta que el nazismo daba una importancia capital a la publicidad, hasta el puento de que, una vez llegado al poder creó un Ministerio solamente para ese tema, el fanoso Ministerio de Información y Propaganda del Joseph Goebbels. Su gusto por la teatralidad y la escenografía les llevó incluso al punto de mandar diseñar sus uniformes al jefe de vestuario de la ópera de Berlín, lo que da idea de hasta qué punto creían en el poder de la imagen.

Los carteles nacionalsocialistas, tratan a menudo temas alegóricos, apelando a la Unidad de Europa. Como quiera que en sus filas contaban con voluntarios de más de treinta naciones diferentes, los carteles están redactados en muy distintos idiomas, si bien se mantiene la alusión al glorioso pasado de occidente, utilizándose a menudo la doble imagen del guerrero antiguo reflejada en el moderno combatiente contra lo que llamaban hordas orientales.

En los carteles, predominan los motivos y composiciones del romanticismo, y se imponen los colores nacionales, rojo, blanco y negro, como una constante llamada patriótica. Su magnífico empleo de la publicidad subliminal junto a su destreza para llegar a la fibra psicológica del público, los convierte en verdaderas obras maestras de la propaganda, imitadas hasta nuestros días por publlicistas poco escrupulosos. Como ya se ha dicho, merecen mención aparte los carteles correspondientes a las legiones extranjeras, por su diversidad y por el intento de llegar a distintas mentalidades.
































































































































































Los carteles nacionalsocialistas, tratan a menudo temas alegóricos, apelando a la Unidad de Europa. Como quiera que en sus filas contaban con voluntarios de más de treinta naciones diferentes, los carteles están redactados en muy distintos idiomas, si bien se mantiene la alusión al glorioso pasado de occidente, utilizándose a menudo la doble imagen del guerrero antiguo reflejada en el moderno combatiente contra lo que llamaban hordas orientales.
















































































































































































Bibliografía:



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